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El ego y nuestro verdadero Ser

¿Por qué hay tanto individualismo, tanto egoísmo, siendo que compartimos un mismo Ser? En esta última charla brindada en la Patagonia, el hermano David ofrece una visión que puede ayudar al entendimiento mutuo.

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La pregunta “¿Quién soy?” es una pregunta muy antigua. El ser humano se lo ha preguntado durante miles de años, y es una pregunta que también nosotros debemos hacernos en la actualidad. Notemos que hay una diferencia entre decir “yo” y “yo mismo”. Algunas veces decimos “yo hago esto”, o “yo lo voy a hacer”; pero otras veces decimos “yo mismo voy a hacer esto”. Cuando hay una diferencia entre dos cosas, es importante notar en qué radica la diferencia. En este caso, decimos “yo mismo” cuando queremos enfatizar que hacemos algo con todo nuestro ser. Al yo le añadimos todo nuestro ser.

¿Qué es este “ser”? He ahí la pregunta crucial. ¿Qué queremos expresar con este “ser”? Para descubrirlo, podemos hacer un experimento: podemos ir hacia nuestro interior (lo cual es una expresión poética, pero que todos podemos entender) y mirarnos a nosotros mismos. Yo puedo mirarme a mí mismo aquí sentado hablándoles a ustedes, así como ustedes pueden mirarse a ustedes mismos sentados allí y escuchándome. Pueden mirarse a ustedes mismos, pueden observarse. Hay algo en nuestro interior que puede mirarnos a nosotros mismos, como si fuéramos dos. Si vamos a lo más profundo de nuestro interior, llegaremos al observador a quien nadie puede observar. Ese es nuestro Ser. El Ser aquel que observa y que no puede ser observado por nadie.

“Soy yo; no soy esta marioneta. Desempeño un papel, y lo voy a representar bien; voy a interactuar con amor con los demás actores, para hacer de esto un buen teatro, y no una cuestión de matarnos unos a otros. Quiero hacer del mundo una danza, un buen espectáculo”.
Este Ser es uno: no podemos distinguir a este observador de algún otro observador. Este es nuestro verdadero Ser, que todos tenemos en común. Diferentes tradiciones lo llaman con distintos nombres: en la tradición cristiana es llamado la realidad Crística que reside en nosotros. San Pablo dice: “Yo vivo, pero no soy yo; es Cristo que vive en mí”. Pablo puede decirlo, así como tú puedes decirlo, yo puedo decirlo… ya que hay un único Ser. Los budistas lo llaman “naturaleza búdica”, la cual se aplica no sólo a los seres humanos: los perros tienen naturaleza búdica, los gatos tienen naturaleza búdica, las plantas tienen naturaleza búdica… así como existe lo que llamamos el “Cristo cósmico”. Los hindúes lo llaman “Atman”, que significa también “aliento”, o “vida”.

Ahora bien, si yo digo “yo mismo”, hago referencia a este Ser universal, pero en cuanto yo; lo mismo que si tú dices “yo mismo”, te refieres a este Ser único pero en cuanto tú. Hay un único Ser, mientras que hay innumerables yos. El “yo” existe en el tiempo y el espacio; el Ser existe más allá del tiempo y del espacio. Este Ser es tan pleno, tan inagotable, que necesita expresarse a sí mismo una y otra vez en cada yo que existe, y solo para manifestar el gozo y la plenitud de la vida. Mi yo es absolutamente único, así como tu yo es también absolutamente único. No solo nuestras huellas digitales son únicas, sino que todo nuestro ser es único: nuestros ancestros, el tiempo y las circunstancias en las que nacimos… Todo esto determina nuestro yo.

¿Qué es este “yo”? Podemos identificarlo con el personaje de una obra de teatro. En el gran teatro del mundo, el Ser hace el papel de un sinnúmero de personajes. Es como una madre que juega a las marionetas con sus hijos pequeños. La madre hace el papel del príncipe, luego del dragón, luego el príncipe lucha con el dragón… pero es una y la misma madre la que actúa para sus niños. Así, podemos imaginarnos al mundo como un gran teatro, en el que el Ser hace el papel de innumerables personajes. Cuando la obra termina, el Ser deja las marionetas en la caja, y es entonces cuando nuestro tiempo se acaba. Nuestro tiempo, nuestro “yo”, comienza cuando nacemos y termina cuando morimos. Sin embargo, esto no afecta al Ser, ya que el Ser trasciende el tiempo y el espacio.

Sin embargo hay un gran peligro, ya que esta marioneta, este pequeño yo, es diferente de los demás yos. El yo mira a la gran cantidad de otros yos que hay en el mundo, y de repente se olvida de su Ser, y piensa que realmente es el príncipe, o la princesa, o el dragón, o el mago, o cualquier otro papel que esté desempeñando. Equivocadamente el yo se identifica con su papel. Es como un actor que está haciendo el papel de Hamlet, y en medio de la obra se olvida de que es un actor y cree que realmente es Hamlet; podemos decir que en ese momento ese actor se ha vuelto loco. Por eso también podemos decir que todos, muy a menudo, yo diría cincuenta veces al día, nos volvemos locos: creemos que somos el papel que estamos desempeñando. El Ser desempeña en mí este papel, pero yo lo olvido.

Cuando esto ocurre, el yo se transforma en el ego. El ego es ante todo temeroso, ya que, al ver tantos otros yos a su alrededor, piensa: “Me van a hacer daño; son tantos, y yo soy tan pequeño comparado con los millones que hay por todos lados”. El ego pasa del temor a la agresión: “Debo defenderme de ellos”, y a la avaricia: “Debo ponerme por encima de ellos; quiero tener más y más, y no voy a compartir lo que tengo, porque no va a alcanzar para todos”. Así es como el yo queda reducido al ego, identificándose con una pequeña marioneta y olvidando su verdadero Ser. Por eso, lo que el ego debe hacer es recordarse a sí mismo: “Soy yo; no soy esta marioneta. Desempeño un papel, y lo voy a representar bien; voy a interactuar con amor con los demás actores, para hacer de esto un buen teatro, y no una cuestión de matarnos unos a otros. Quiero hacer del mundo una danza, un buen espectáculo”. Nuestro ego necesita detenerse, luego mirar y tomar conciencia de su verdadero Ser, y luego actuar, interactuar con los demás.

Necesitamos recordar este panorama del Ser, que es uno y el mismo para todos; del yo, que es un papel que el Ser desempeña; y del ego en el que puede quedar reducido el yo. Debemos tomar esta idea con seriedad, pero al mismo tiempo como un juego. Jugar en el teatro del mundo, sin olvidarnos de que estamos jugando. No encerrarnos en nuestro ego, sino recordar nuestro verdadero Ser. Detengámonos cada tanto a lo largo del día, y digámonos: “soy Yo mismo”, recordando lo que esto significa.

 

Primera charla: Detenernos, mirar, actuar (Haz click aquí)

Segunda charla: Qué, por qué, cómo (Haz click aquí)

Tercera charla: Fe, esperanza, amor (Haz click aquí)

Cuarta charla: El ego y nuestro verdadero Ser

 

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