Quiénes somos | Artículos | Actividades

Reconocer la interioridad

Jose Chamorro
Se suele interpretar a la interioridad como el ámbito propio de la religión. Sin embargo, hoy sabemos que este espacio interior “es una herencia común entre los seres humanos, sin que tenga una referencia directa a la fe concreta”.


Ningún credo puede apropiarse de la interioridad como algo que sea exclusivo de su propia tradición religiosa. Desde el planteamiento que Howard Gardner hiciera sobre las Inteligencias Múltiples, se puso al descubierto la existencia de unos tipos de inteligencias –intrapersonal y existencial– que tienen que ver con lo que, más adelante, se denominó Inteligencia Espiritual. Este tipo de inteligencia abría una puerta nueva que terminó por ser mucho más decisiva de lo que se imaginó en un principio. Tanto es así que hoy son ya muchos los psicólogos que la consideran como la Inteligencia raíz en la que se asientan las demás: inteligencia emocional, lógico-matemática, lingüística, musical… La Inteligencia Espiritual es por tanto la que posibilita la base para que las demás vayan configurándose a medida en que se va desarrollando la persona y la que, además, nos permite reconocer, en los sentidos de valorar y volver a conocer, la Interioridad que nos es propia.

La interioridad es el espacio en el que la persona toma conciencia de sí misma, se cuestiona su propia existencia y puede dar una respuesta satisfactoria a la pregunta por el sentido de la Vida.
La importancia de este espacio interior reside en que es ahí donde acontecen una serie de fenómenos que originan y posibilitan ciertas destrezas en el sujeto. Aquí, en este espacio vasto que denominamos interioridad, es donde brota el silencio profundo, la atención, el cuestionamiento o la mirada contemplativa. Éstos no son rasgos distintivos de las distintas religiones del mundo, aunque bien es verdad que han sido ellas las encargadas de desarrollarlos y educarlos. Hoy sabemos que es una herencia común entre los seres humanos, sin que tenga una referencia directa a la fe concreta. Por otro lado, es aquí donde dicha fe se ancla y desde donde se produce el reconocimiento, admiración y reverencia a lo Trascendente, a ese Todo más grande en el que estamos inmersos, que atraviesa toda forma de vida y del cual formamos parte.

Ningún credo puede apropiarse de la interioridad como algo que sea exclusivo de su propia tradición religiosa.
Como acabamos de apuntar, el silencio es una de las capacidades que brotan de la interioridad. Su presencia otorga a la persona de una sensibilidad y una receptividad que la hace capaz de reconocer las intuiciones más profundas. Además, predispone para que uno sea capaz de sorprenderse y asombrarse hasta de lo más irrelevante, pues uno logra reconocer el vínculo profundo que lo liga y religa con cada cosa de la existencia. Este silencio deja espacio a una atención mucho más abierta para profundizar en lo que acontece dentro de uno mismo así como en lo que tiene lugar fuera. Cuando la atención atiende al silencio que la genera, entonces tiene lugar una sensación de quietud en la persona. Esta quietud es la que facilita la revelación de nuestra propia esencia, la fluidez de la capacidad intuitiva y la experiencia transformadora del encuentro con la trascendencia. Es desde esta actitud desde donde puede tener lugar el cuestionamiento en el que se dan las respuestas necesarias que no agotan la pregunta sobre el misterio de la Vida. Con la pregunta siempre abierta, el sujeto descubre una nueva mirada sobre su vida y la Vida en general, una mirada que desde la quietud de su interioridad es capaz de reconocer la presencia del Misterio que lo llena todo, una mirada contemplativa cuyo rasgo definitorio es el respeto y la admiración desde donde brota, el amor desde el que se asienta.

La Interioridad es por tanto el espacio en el que la persona toma conciencia de sí misma, se cuestiona su propia existencia y puede dar una respuesta satisfactoria a la pregunta por el sentido de la Vida. Aquí es donde el sujeto logra alcanzar una receptividad de tales dimensiones que es capaz de reconocer la majestuosidad implícita en la sencillez de las formas. Desde aquí es desde donde logra admirarse de la Belleza, desde donde es capaz de entrever las verdades que tienden a la Verdad y, además, desde donde es capaz de reconocer la Bondad inherente a todas las formas de vida que habitan y cuidan del Planeta.

Jose Chamorro


También te puede interesar:


Dejar un comentario