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Cómo vencer nuestros miedos

David Steindl-Rast
¿Hay alguna receta práctica que nos ayude a vencer nuestros miedos? El hermano David nos ofrece la suya: elegir uno de nuestros miedos, alguno que sea pequeño e infundado, y enfrentarlo. Vencer un miedo particular lleva a vencerlos a todos.


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Pregunta: ¿Podría decirnos algunas palabras sobre cómo enfrentar el miedo?

Respuesta: Así como la valentía es una sola, también el miedo es uno solo. Todos los distintos miedos que podríamos nombrar forman una unidad. Por lo tanto, si abordamos nuestro miedo más débil, aquel que más fácilmente podemos manejar, los podremos vencer a todos. (Hablo únicamente de nuestros miedos sin fundamento, porque en nuestra vida hay muchos miedos razonables).

Si no enfrentamos lo que tememos, vamos a andar con el miedo a cuestas de un lado a otro, lo cual empobrece nuestra vida.
En primer lugar tenemos que encontrar nuestros miedos infundados, y hacer una pequeña lista de ellos, al menos en nuestra mente. Si ante alguno de nuestros miedos estamos en duda, podemos permitirnos el beneficio de la duda e incluirlo entre los miedos razonables. En nuestra lista van a quedar muchos miedos infundados. Entre ellos, escojamos al que pensamos que vamos a poder enfrentar; algo muy similar a cuando éramos niños: quizás cuando ya estaba oscuro, nuestro padre nos mandaba al jardín a recoger algo que habíamos olvidado allí. Salíamos corriendo, silbando bajito y dándonos valor lo mejor que podíamos. Luego regresábamos, y nos dábamos cuenta de que no había pasado nada. Esto nos hacía más fuertes y nos ayudaba a superar el miedo. Al vencer un miedo en particular, nos volvíamos más valientes en general.

Podemos hacer lo mismo que cuando éramos niños. Sin embargo, no les aseguro que no pasa nada cuando enfrentamos aquello que tememos. ¡No! A veces, lo que nos pasa es mucho peor de lo que podríamos haber imaginado. Pero al final, si enfrentamos lo que tememos, descubrimos que salimos de esa situación más plenamente vivos que antes. Por el contrario, si no lo enfrentamos, vamos a andar con el miedo a cuestas de un lado a otro, lo cual empobrece nuestra vida.

En realidad, no es la muerte lo que empobrece nuestra vida; es el temor lo que la empobrece. Aquellos que están realmente vivos saben que han muerto muchas veces para poder llegar a esa plenitud de vida. Y aun aquellos de nosotros que no estamos tan plenamente vivos como podríamos estar, sabemos que morir ha sido siempre el precio de nuestra plenitud de vida. Cada vez que morimos a algo con valentía, cada vez que nos entregamos a la muerte, salimos de esa experiencia más plenamente vivos.

La gratitud es una forma de manejar nuestro miedo. Cada vez que recibimos un regalo y decimos “gracias”, expresamos nuestra confianza en el dador y no tanto nuestro aprecio por el regalo. Ni siquiera hemos mirado en qué consiste el regalo. Si esperamos a ver qué hay adentro del paquete para decidir si damos las gracias o no, no seríamos considerados personas agradecidas.

En aquellas ocasiones en que hemos recibido un paquete que nos permite adivinar de qué se trata el regalo, no necesitamos mucho valor para abrirlo. Pero la vida misma requiere de mucho valor, porque ella a veces nos entrega paquetes que sabemos que contienen cosas que nos cuesta aceptar. ¡Y el último que nos entregó nos hizo añicos! Yo sospecharía de alguien que recibe un regalo así y dice “gracias”. Sin embargo, podemos confiar que tal regalo era exactamente lo que necesitábamos. Esta confianza nos hará más plenamente vivos.

Por lo tanto, ésta sería mi receta casera para vencer el miedo: encuentra un miedo que sea infundado y que puedas enfrentar. En esa pequeña área, haz lo que más temas, y observa qué pasa. Fíjate si sales de esta situación más plenamente vivo.

Hermano David Steindl-Rast


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